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Retrato de Don Antonio pintado por Macarrón en 1979
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Retrato de Don Antonio pintado por Macarrón en 1979
 

 

 
 


LA AVENTURA DE ISRAEL

Mandamiento de Abraham.
Yahvé-Dios dijo a Abraham: «Vete de tu tierra y de tu patria, y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendiciré. Engrandeceré tu nombre, que servirá de bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra» (Gen. 12,1). Abraham salió de Ur de los caldeos y marchó a la tierra que Yahvé le había de mostrar. Esta tierra era Palestina. Era -y es- una franja estrecha de territorio fértil entre el Mediterranéo y el desierto. Constituía -y constituye- la vía de comunicación territoril entre Asia y Africa.

La tierra prometida a los israelitas y judíos.
Por entonces estaban los cananeos en el país. Yahvé se le apareció a Abraham y le dijo: «A tu descendencia he de dar esta tierra». Abraham engendró a Isaac. Isaac engendró a Jacob. A este se le apareció Dios, le bendijo y le dijo: «Tu nombre es Jacob, pero ya no te llamarás Jacob sino que tu nombre será Israel». Y le llamó Israel y sus descendientes fueron llamados israelitas. La etimología y el sentido del nombre son difíciles de establecer. La más popular es la de «el que luchó con Dios». También se ha propuesto -basándose en la significación que esta palabra tiene en la lengua hebrea- la significación de «el que vió a Dios». Como nombre gentilicio se da en el Antiguo Testamento a la confederación de las doce tribus, basada no sólo lazos de sangre o políticos, sino sobre todo en la voluntad teológica de adorar al Dios único, Yahvé bajo la Ley y los preceptos que recibió Moisés en su desierto del Sinaí. En la literatura del exilio y de la época posterior a éste, el nombre de Israel es suplantado por el de Judá, y los miembros de ese pueblo nacido en el exilio de Babilonia, se llamarán judaítas, es decir, judíos.

Egipto tierra extraña.
Abraham llega a la tierra de Canaán -que posteriormente se llamaría Palestina- hacia el año 2000 a.C. Los patriarcas -Jacob, nieto de Abraham, y sus doce hijos- se establecen en Egipto hacia el año 1700 a.C., y sus descendientes permanecen en «tierra extraña», esclavizados, unos cuatrocientos años. En Egipto, el pueblo de Israel toma cuerpo y conciencia de su identidad, manteniedo la fe monoteísta de Abraham frente a la multitud de dioses egipcios. El éxodo, la liberación por Moisés de la esclavitud egipcia, tiene lugar entre 1250 y 1225 y, después de cuarenta años por el desierto del Sinaí -donde se producirían los acontenciminetos que marcarán indeleble al pueblo hebreo- Josué, al frente de los supervivientes y descendientes de los israelitas que atravesaron el Mar de las Cañas a pie enjuto, invaden Palestina - pasando el Jordán también a pie enjuto- entre 1220 y 1200, más o menos la época de la mítica Guerra de Troya.

La conquista de la tierra prometida.
Después de unos quinientos años, los israelitas crecidos y multiplicados grandemente, están de nuevo en Palestina, tierra prometida, la tierra que mana leche y miel. Pero ahora, no como pastores nómadas sino como un éjercito que, para establecerse, tiene que vencer y desplazar al enjambre de pueblos que la ocupan (el capitulo XII del libro de Josué los detalla minuciosamente, pero los nombre hoy no nos dicen nada). Es una lucha cruenta e interminable, sobre todo contra los «pueblos del mar», los filisteos, de donde deriva el nombre de Palestina. Los «pueblos del mar» vinieron de islas occidentales, rechazados por los egipcios y se asentaron en las tierras de Canaán. Fueron seguramente los últimos llegados.

David y Salomón.
A partir de entonces, las visicitudes y los avatares del pueblo de Israel en tierra Palestina, son incontables e insondables, como una de las páginas más profundas y misteriosas de la historia de la humanidad. El momento estelar lo alcanza con los reyes David y Salomón, dos personajes en los que la gracia y los dones de Dios se derraman en forma desbordante. De la estirpe de David nacerá la esperanza de Israel que los judíos no reconocieron, el Mesías, el que vino en nombre del Señor, el Hijo de Dios. Nace así en el viejo tronco judío un injerto que al final de los tiempos se convertirá en un único olivo de paz.

La división del Reino.
A la muerte de Salomón, el reino se divide en dos; Judá se llamará el reino del sur e Israel del del norte. Ambos reinos vivirán acosados por sus poderosos vecinos: siria, Babilonia, Egipto. Padecerán también las consecuencias de sus mutuas desavenencias. El reino de Judá tendrá por caiptal Jerusalén y el de Israel, Samaria. Este último, el del norte, será destruido por Asiria en el año 722, y el del sur desaparecerá como reino en el año 587 a manos de Nabucodonosor. El templo, construido por Salomón, será incendiado, y con él habrá desparcido el centro espiritual del pueblo judío. Pero el tiempo del destierro es la época de los profetas, que darán al pueblo hebreo el mayor tesoro espiritual y poético de su historia y de la historia de la humanidad.

El regreso a la patria de Judá.
Cuando a partir del año 538 comiencen a volver a Babilonia los judíos exiliados en 587 y sus descendientes, en Judá no se restablecerá la situación anterior al destierro; quiere decirse que estarán a merced de los persas primero, de la Grecia de Alejandro Magno y de sus sucesores después y, finalmente, de Roma.

Los romanos.
Con la llegada de los romanos, el reino de los judíos en la tierra prometida va a desaparecer de la Historia durante casi veinte siglos. Desde antes del nacimiento de Cristo y después de Él, los romanos se harán presentes en Palestina a través de una serie de procuradores, uno de los cuales -Poncio Pilat- condenó a Jesucristo a la crucifixión. Pero la mala administración romana y el espiritu insobornable del pueblo judío provocaron constantes revueltas y disturbios. Estos lleegaron a ser tan graves que, enel año 67, Vespasiano, el futuro Emperador, hubo de llegar a Palestina con su hijo Tito, con unas fuerzas de unos 67.000 hombres.

La destrucción del templo.
La diáspora. Galilea y Judea fueron conquistadas en tres campañas que terminaron con la caída de Jerusalén en el año 70. El Templo, reedificado después de la terminación del exilio de Babilonia, fue destruido de nuevo y así ha permanecido hasta nuestros días. Bajo el nombre de Judea, la Palestina israelita se convirtión en una provincia romana. En aquel momento, la diáspora -que fue siempre un fenómeno típicamentejudío, mucho antes de la toma de Jerusalén- se hace masiva. Parecía que el misterioso vínculo entre el pueblo de Israel y la «tierra prometida» quedaba roto para siempre. Con la gran Diáspora, el pueblo de OIsrael se desparrama por todo el orde, convirtiéndose en un pueblo peregrino, más o menos incorporado a los más diversos países y civilizaciones, pero sin perder nunca su identidad y con la nostalhia de una Jerusalén mitad real mitad idea. Por el retorno a Sión, el pueblo judío esparcido por todo el mundo, ha estado elevando sus preces tres veces al día. Ahora están en Jerusalén sin templo, cuyo contrafuerte sirve de «muro de las lamentaciones» para los judíos piadosos que esperan siempre la salvación que viene de Dios y que no está encarnado en el Nazareno, en Jesús, en Cristo, el Hijo de Dios vivo, para los judíos.

 


 

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J. M. Garrigues Walker
   
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