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Don Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate
nace en Madrid , el 9 de Enero de 1904.
"Yo
nací en Madrid cuando era Villa y Corte, y en mi familia
éramos cinco hermanos varones, sin ninguna hembra. Nuestra
madre murió joven y en la vida familiar faltó siempre
ese elemento esencial del «eterno femenino». En la
pila bautismal me impusieron el nombre de Antonio, sólo
ese: un nombre antiguo, romano, ya está bien"
Se licencia en la Facultad de Derecho de la Universidad
Central de dicha capital, donde obtuvo Matrícula de Honor
en todas las asignaturas de la carrera y el Premio Extraordinario
de la Licenciatura.
"Hice mis estudios
universitarios en el viejo caserón de la calle San Bernardo...Entre
los catedráticos recuerdo con especial afecto a Don Felipe
Clemente de Diego, tan culto y tan humano y a Don Alfonso Posada,
por su vocación y su entera dedicación a la enseñanza.
Tuve otros maestros buenos, como Castillejo, Flores de Lemus,
que gobernó durante años, el Ministerio de Hacienda,
Yanguas Messía, un caballero, Jiménez Asúa,
un gran penalista y algunos otros. Pero faltó siempre la
«vida» universitaria. Había una burocracia
docente, pero era una universidad sin alma, sin «alma mater»,
que es lo que necesita la juventud".
En 1931 contrajo matrimonio con Doña Helen
Anne Walker, natural de Des Moines (Iowa), Estados Unidos, que falleció
en el año 1944 a los treinta y cinco años. De su matrimonio
sobrevivieron ocho hijos, entre los cuales figura una religiosa.
"Cuando nos casamos,
yo era director general de los Registros y del Notariado, con
el Gobierno Provisional de la República. Como ella era
de religión protestante, la boda, en la iglesia de los
Jerónimos, fue de mixta religión, pero tuvo lugar
-por autorización de Roma- en el templo, no en sacristía".

Foto de la boda con Doña Helen Anne
Walker.
Fueron testigos: Su padre Joaquín Garrigues, Fernando de
los Ríos, Xavier Zubiri, Ignacio Sánchez Mejías,
Justino Acárate y su hermano Joaquín.
En 1931, con el advenimiento de la República,
fue nombrado por el Ministro de Justicia del Gobierno Provisional
de la República, Don Fernado de los Ríos, Director
General de los Registros y del Notariado del Ministerio de Justicia.
Este nombramiento obviamente no fue por razones políticas
ya que D.Antonio Garrigues no pertenecía al Partido Socialista,
como no ha pertenecido a lo largo de su vida a partido político
alguno. Fue posiblemente su magnífico expediente académico
el que le llevó a ocupar este cargo que desempeña
hasta la formación del Primer Gobierno Constitucional, ya
que no acepta presentarse con ninguna de las candidaturas oficiales
que se le ofrecieron; se presentó como independiente, sin
obtener resultados positivos, acabando aquí su carrera política
en ese momento.
Desde entonces se dedicó exclusivamente al
ejercicio de la profesión de abogado, en un principio con
su hermano mayor Don Joaquín Garrigues, Catedrático
de Derecho Mercantil en la Universidad Central y autor de numerosos
libros de su especilalidad. Más tarde se independizó,
organizando su propio despacho profesional y orientándose
más a actividades de índole económica y financiera,
habiéndose especializado en asuntos internacionales. Viajó
con frecuencia a Estados Unidos y ganó profesionalmente la
confianza de la mayoría de las multinacinonales -principalmente
norteamericanas- que se establecieron en España en esa época,
convirtiéndose su despacho en uno de los más importantes
de Madrid.
"Tardé bastante en empezar a
ejercer la profesión de abogado. Después de nuestra
guerra tenía ya un gran despacho colectivo que, como fórmula
profesional, creo que fui el primero en usarla en España.
Luego, desde mi ausencia, lo ha desarrollado, lo ha dirigido y lo
dirige mi hijo Antonio."
Don Antonio había conocido durante los últimos
momentos de la Guerra Civil a Joe Kennedy. Este hecho le facilitó
su posterior relación personal con la familia Kennedy. El
mayor de los Kennedy llegó como periodista a Madrid cuando
la ciudad se hallaba sumida en un caos al coincidir con el inicio
de la lucha interna entre los comunistas y los anarcosindicalistas
y se puso en contacto con ellos posiblemente porque la mujer de
Garrigues era la única norteamericana que vivía en
Madrid, ciudad sitiada y de difícil acceso, abandonada por
todos los extranjeros y especialmente por los americanos.
"El mayor de los Kennedy
venía todos los días a casa y, como nosotros estábamos
prácticamente entregados a la actividad política
de estos momentos agónicos, él, que quería
informarse de todo, tomó mucho inetrés en esas actividades
y nos acompañaba a todas partes. En una operación
sobre cárceles, yendo en un coche del que milagrosamente
disponíamos y al subir por la hoy desaparecida calle del
Ese, de la Castellana a la calle de Serrano, un grupo de milicianos
allí apostados, que no sabiamos naturalmente a que facción
pertenecía, nos cerró el paso; nos hizo bajar del
coche, nos puso junto a la pared y nos pidió la documentación.
Nosotros llevábamos, como es corriente en ese tipo de actividad,
documentación de toda clase, y en ese caso les enseñamos
la comunista porque vimos que uno de los milicianos llevaba en
la mano Mundo Obrero. Pero desconfiaron y empezó un interrogatorio
al que contestábamos, como es natural, confusamente. Temimos
lo peor, pero ocurrió que, entre nuestros papeles que estaban
revisando, apareció el pasaporte diplomático de
Joe Kennedy, su único documento de identidad. Les explicamos
la personalidad de nuestro acompañante -él no hablaba
nada de español- su condición de periodista norteamericano,
que estaba allí para mandar información de la marcha
de los acontecimientos en España a su país, y esa
explicación desarmó sus intenciones, fueran las
que fueran. Nos devolvieron nuestros papeles y nos dejaron continuar
nuestro viaje y nuestra acción."
En marzo de 1962 fue nombrado Embajador de España
en Washington. Este ofrecimiento de una Embajada tan importante
a una persona no perteneciente al Régimen Franquista y que
militaba en los grupos promonárquicos que existían
en Madrid, puede explicarse por dos razones: una, por sus vinculaciones
profesionales con Norteamérica, y otra, su posición
liberal e independiente en un momento en que el Régimen quería
abrirse al exterior después de tantos años de aislamiento.
"A mi llegada la situación
para un embajador en Washington era muy difícil, y no solamente
allí, sino que, en general, a causa del régimen
político, lo era así en gran parte de los puestos
diplomáticos. Los embajadores que me habían precedido
habían luchado mucho y muy bien para ir consiguiendo una
mejora efectiva de nuestras relaciones con el gran país
americano. Yo me encontré en la misma situación
y desde el primer momento me esforcé en superarla. Había
que abrir una brecha en ese muro de indiferencia, en el mejor
de los casos, cuando no de franca hostilidad, como fue el del
momento que llegué".
A lo largo de estos años desarrolló
una intensa y brillante labor diplomática que culmina con
la firma de la renovación de los Acuerdos con Estados Unidos
en Septiembre de 1963. De él pudo decirse muy justamente
aquellos días que había sabido presentar la verdad
de España en terrenos donde no había penetrado nadie.
Firma de la pórroga de los acuerdos defensivos con los Estados
Unidos.
1963
El Embajador Garrigues supo ganarse el aprecio y
admiración personal del fallecido Presidente Kennedy y la
confianza de la administración democrática que había
iniciado sus tareas de gobierno pocas semanas antes de la llegada
del diplomático español a Washington.
El presidente Kennedy y el embajador.
"Kennedy era un presidente de verdad,es decir, en posesión
y en plenitud de su misión histórica. No es un político
ni propiamente un hombre de estado, sino un verdadero líder,
que es más y que es menos que un hombre de estado; es otra
cosa".
Su tarea no se limitó a las laboriosas conversaciones
preliminares a la firma de los Acuerdos, sino que tuvo las más
diversas facetas. Pronunció importantes discursos que tuvieron
amplio eco en los Estados Unidos, entre ellos el del Club de Prensa
de Washington, La International Finance Corporation, el Council
of Foreing Relations, el "Overseas Press Club" y el Instituto
Español de Nueva York, así como unas declaraciones
ante el Consejo de Relaciones Internacionales de la Universidad
de Harvard. Realizó numerosos viajes a diversos Estados de
la Unión (Florida, California, Louisiana, Alaska ) y a la
Isla de Puerto Rico.
Terminada su misión en Washington fue nuevamente
designado por su Gobierno como Embajador de España en
el Vaticano en 1964 en relación de la significación
que había tomado la misma como consecuencia del Concilio
Vaticano II y de la complejidad de los problemas existentes que
de ahí nacieron, especialmente en cuanto a las relaciones
Iglesia-Estado.
Audiencia de Pablo VI a los príncipes
y al embajador.
Septiembre de 1964
El Embajador Garrigues, en su triple dimensión
de católico, político y jurista, había venido
trabajando en estos asuntos, estudiándolos muy de cerca y,
por ello, fue la persona elegida para clarificar los problemas pendientes
y preparar el terreno que permitiese en el futuro reestructurar
las bases de una nueva relación según las exigencias
de la evolución de los acontecimientos.
"Mi labor fue más
difícil en Roma que en Washington; en uno y otro lugar
existía incomprensión respecto a España -aunque
en ambos era distinta- pero era una incomprensión recíproca
por parte española. La diplomacia vaticana, como arte o
como técnica, no enseña nada a un político
nato. Un hombre político nato es un diplomático
nato. La diplomacia es, como lo es también la guerra, la
política con otras artes, en rigor más fuertes y
más eficaces que las de la guerra. Esto es lo que se aprende
de la diplomacia vaticana: que saber esperar, saber actuar a tiempo
y saber adaptarse, todo ello con buenas maneras y con buenas palabras,
es algo que mueve montañas".
Terminada esa labor, que se prolongó durante nueve años,
el Embajador Garrigues, que no es un embajador de carrera y que,
por ello, considera que su actividad debe de estar ligada a una
misión concreta, puso el cargo a disposición del Gobierno
por considerar su labor cumplida, como había ocurrido en
la Embajada de Washington.
A finales de 1972 regresa a Madrid y se dedica a
actividades de tipo privado, conferencias, colaboraciones en diversos
periódicos y revistas, etc. En 1975 fue nombrado Ministro
de Justicia del Primer Gobierno de la Monarquía.
El primer Gobierno de la Monarquía,
1975
" Mi colaboración
con el Presidente Carlos Arias no fue íntima, como la de
Fraga, Suárez u Osorio, pero siempre buena y leal. Me aceptó
la práctica derogación de la Ley de Antiterrorismo
sin desarmar al Estado frente a esa plaga, pero fue muy resistente
ante el proyecto de modificación del Código Penal,
que era un proyecto clave para la reforma porque el régimen
había penalizado todas y cualquier forma de oposición
política al mismo. La reforma del Código Penal,
quiero decir la reforma inicial -la de fondo no había tiempo
material de acometerla- debió haber precedido a la de Asociaciones
y de Reunión. No ocurrió así y éste
fue el gran error. Cuando finalmente llegó el proyecto
de reforma a las Cortes franquistas, éstas, con la ceguera
habitual de la derecha, opusieron una gran resistencia con la
conciencia de la importancia del asunto y la incosciencia de su
necesidad. Luego han tenido que ceder en todo porque, como no
habían sabido vivir con dignidad política, tampoco
supieron morir dignamente".
Entre los últimos cargos ostentados figuran el de
Presidente de la Sociedad Española de Radiodifusión, Presidente
de Citroën Hispania S.A., Presidente de Eurofinsa, Presidente de
la Equitativa -Fundación Rosillo-, Presidente del Patronato de la
Universidad Pontificia de Salamanca, Presidente del Instituto de
Cuestiones Internacionales, Presidente del Patronato de las Escuelas
Profesionales de la Sagrada Familia, Presidente de la Cámara Hispano-Portuguesa
de Comercio e Industria, Presidente de la Fundación Benjamín Palencia,
además de pertenecer a varios Consejos de Administración. Es
Académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Está en posesión de las siguientes Cruces y Condecoraciones:
- Gran Cruz y Gran Collar de Isabel la Católica.
- Gran Cruz de la Real y muy Distinguida Orden de Carlos III.
- Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort.
- Gran Cruz "pro merito militensi" de la Orden de Malta.
- Gran Cruz de la Orden Ecuestre Piana de Su Santidad Pablo VI.
- Gran Cruz de la Orden de Mérito Industrial Portuguesa.
- Gran Cruz de la Legión de Honor Francesa, en el grado de Oficial.
- Medalla de Oro de la Villa de Madrid.

Investidura de Don Antonio como
"Caballero de Gracia Magistral de la Orden Militar de Malta".
23 de junio de 1973
Don Antonio Garrigues no se define como empresario.
Su tarea se ha volcado en la creción de una proyección empresarial
que el mundo profesional de la empresa. Pero lo que más le ha gustado
siempre y en lo que ha empleado su vida no es en la empresa sino
en moverse en esferas culturales. El Derecho, la Historia, la Filosofía,
la Literatura, la Teología... son disciplinas que le apasionan,
además de un gran amor a la vida. Autor, entre otros libros, de
"Diálogos conmigo mismo" (Ed. Planeta) , "Reflexión sobre las cosas
que pasan" (Ed. Argos-Vergara), "Poemas en la encrucijada de Roma"
(Ed. Castalia) y de numerosos artículos sobre temas políticos, jurídicos,
económicos, religiosos, sociales, etc. Ha sido colaborador de periódicos
y revistas nacionales e internacionales y ha participado en diversos
coloquios, mesas redondas, conferencias y entrevistas.
El 8 de enero de 2004, su Majestad el Rey Don Juan
Carlos I le concede el título de Marqués de Garrigues.

Don Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate
muere en Madrid, el 24 de Febrero de 2004.

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