Retrato de Don Antonio pintado por Macarrón en 1979 Inicio
Retrato de Don Antonio pintado por Macarrón en 1979
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Retrato de Don Antonio pintado por Macarrón en 1979
 

 

 
 


Don Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate nace en Madrid , el 9 de Enero de 1904.

"Yo nací en Madrid cuando era Villa y Corte, y en mi familia éramos cinco hermanos varones, sin ninguna hembra. Nuestra madre murió joven y en la vida familiar faltó siempre ese elemento esencial del «eterno femenino». En la pila bautismal me impusieron el nombre de Antonio, sólo ese: un nombre antiguo, romano, ya está bien"

Se licencia en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de dicha capital, donde obtuvo Matrícula de Honor en todas las asignaturas de la carrera y el Premio Extraordinario de la Licenciatura.

"Hice mis estudios universitarios en el viejo caserón de la calle San Bernardo...Entre los catedráticos recuerdo con especial afecto a Don Felipe Clemente de Diego, tan culto y tan humano y a Don Alfonso Posada, por su vocación y su entera dedicación a la enseñanza. Tuve otros maestros buenos, como Castillejo, Flores de Lemus, que gobernó durante años, el Ministerio de Hacienda, Yanguas Messía, un caballero, Jiménez Asúa, un gran penalista y algunos otros. Pero faltó siempre la «vida» universitaria. Había una burocracia docente, pero era una universidad sin alma, sin «alma mater», que es lo que necesita la juventud".

En 1931 contrajo matrimonio con Doña Helen Anne Walker, natural de Des Moines (Iowa), Estados Unidos, que falleció en el año 1944 a los treinta y cinco años. De su matrimonio sobrevivieron ocho hijos, entre los cuales figura una religiosa.

"Cuando nos casamos, yo era director general de los Registros y del Notariado, con el Gobierno Provisional de la República. Como ella era de religión protestante, la boda, en la iglesia de los Jerónimos, fue de mixta religión, pero tuvo lugar -por autorización de Roma- en el templo, no en sacristía".

Boda de Don Antonio y Helen Anne Walker
Foto de la boda con Doña Helen Anne Walker.
Fueron testigos: Su padre Joaquín Garrigues, Fernando de los Ríos, Xavier Zubiri, Ignacio Sánchez Mejías, Justino Acárate y su hermano Joaquín.


En 1931, con el advenimiento de la República, fue nombrado por el Ministro de Justicia del Gobierno Provisional de la República, Don Fernado de los Ríos, Director General de los Registros y del Notariado del Ministerio de Justicia. Este nombramiento obviamente no fue por razones políticas ya que D.Antonio Garrigues no pertenecía al Partido Socialista, como no ha pertenecido a lo largo de su vida a partido político alguno. Fue posiblemente su magnífico expediente académico el que le llevó a ocupar este cargo que desempeña hasta la formación del Primer Gobierno Constitucional, ya que no acepta presentarse con ninguna de las candidaturas oficiales que se le ofrecieron; se presentó como independiente, sin obtener resultados positivos, acabando aquí su carrera política en ese momento.

Desde entonces se dedicó exclusivamente al ejercicio de la profesión de abogado, en un principio con su hermano mayor Don Joaquín Garrigues, Catedrático de Derecho Mercantil en la Universidad Central y autor de numerosos libros de su especilalidad. Más tarde se independizó, organizando su propio despacho profesional y orientándose más a actividades de índole económica y financiera, habiéndose especializado en asuntos internacionales. Viajó con frecuencia a Estados Unidos y ganó profesionalmente la confianza de la mayoría de las multinacinonales -principalmente norteamericanas- que se establecieron en España en esa época, convirtiéndose su despacho en uno de los más importantes de Madrid.Don Antonio en su despacho

"Tardé bastante en empezar a ejercer la profesión de abogado. Después de nuestra guerra tenía ya un gran despacho colectivo que, como fórmula profesional, creo que fui el primero en usarla en España. Luego, desde mi ausencia, lo ha desarrollado, lo ha dirigido y lo dirige mi hijo Antonio."

 

Don Antonio había conocido durante los últimos momentos de la Guerra Civil a Joe Kennedy. Este hecho le facilitó su posterior relación personal con la familia Kennedy. El mayor de los Kennedy llegó como periodista a Madrid cuando la ciudad se hallaba sumida en un caos al coincidir con el inicio de la lucha interna entre los comunistas y los anarcosindicalistas y se puso en contacto con ellos posiblemente porque la mujer de Garrigues era la única norteamericana que vivía en Madrid, ciudad sitiada y de difícil acceso, abandonada por todos los extranjeros y especialmente por los americanos.

"El mayor de los Kennedy venía todos los días a casa y, como nosotros estábamos prácticamente entregados a la actividad política de estos momentos agónicos, él, que quería informarse de todo, tomó mucho inetrés en esas actividades y nos acompañaba a todas partes. En una operación sobre cárceles, yendo en un coche del que milagrosamente disponíamos y al subir por la hoy desaparecida calle del Ese, de la Castellana a la calle de Serrano, un grupo de milicianos allí apostados, que no sabiamos naturalmente a que facción pertenecía, nos cerró el paso; nos hizo bajar del coche, nos puso junto a la pared y nos pidió la documentación. Nosotros llevábamos, como es corriente en ese tipo de actividad, documentación de toda clase, y en ese caso les enseñamos la comunista porque vimos que uno de los milicianos llevaba en la mano Mundo Obrero. Pero desconfiaron y empezó un interrogatorio al que contestábamos, como es natural, confusamente. Temimos lo peor, pero ocurrió que, entre nuestros papeles que estaban revisando, apareció el pasaporte diplomático de Joe Kennedy, su único documento de identidad. Les explicamos la personalidad de nuestro acompañante -él no hablaba nada de español- su condición de periodista norteamericano, que estaba allí para mandar información de la marcha de los acontecimientos en España a su país, y esa explicación desarmó sus intenciones, fueran las que fueran. Nos devolvieron nuestros papeles y nos dejaron continuar nuestro viaje y nuestra acción."

En marzo de 1962 fue nombrado Embajador de España en Washington. Este ofrecimiento de una Embajada tan importante a una persona no perteneciente al Régimen Franquista y que militaba en los grupos promonárquicos que existían en Madrid, puede explicarse por dos razones: una, por sus vinculaciones profesionales con Norteamérica, y otra, su posición liberal e independiente en un momento en que el Régimen quería abrirse al exterior después de tantos años de aislamiento.

"A mi llegada la situación para un embajador en Washington era muy difícil, y no solamente allí, sino que, en general, a causa del régimen político, lo era así en gran parte de los puestos diplomáticos. Los embajadores que me habían precedido habían luchado mucho y muy bien para ir consiguiendo una mejora efectiva de nuestras relaciones con el gran país americano. Yo me encontré en la misma situación y desde el primer momento me esforcé en superarla. Había que abrir una brecha en ese muro de indiferencia, en el mejor de los casos, cuando no de franca hostilidad, como fue el del momento que llegué".

A lo largo de estos años desarrolló una intensa y brillante labor diplomática que culmina con la firma de la renovación de los Acuerdos con Estados Unidos en Septiembre de 1963. De él pudo decirse muy justamente aquellos días que había sabido presentar la verdad de España en terrenos donde no había penetrado nadie.



Firma de la pórroga de los acuerdos defensivos con los Estados Unidos.
1963

El Embajador Garrigues supo ganarse el aprecio y admiración personal del fallecido Presidente Kennedy y la confianza de la administración democrática que había iniciado sus tareas de gobierno pocas semanas antes de la llegada del diplomático español a Washington.



El presidente Kennedy y el embajador.


"Kennedy era un presidente de verdad,es decir, en posesión y en plenitud de su misión histórica. No es un político ni propiamente un hombre de estado, sino un verdadero líder, que es más y que es menos que un hombre de estado; es otra cosa".

 

Su tarea no se limitó a las laboriosas conversaciones preliminares a la firma de los Acuerdos, sino que tuvo las más diversas facetas. Pronunció importantes discursos que tuvieron amplio eco en los Estados Unidos, entre ellos el del Club de Prensa de Washington, La International Finance Corporation, el Council of Foreing Relations, el "Overseas Press Club" y el Instituto Español de Nueva York, así como unas declaraciones ante el Consejo de Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard. Realizó numerosos viajes a diversos Estados de la Unión (Florida, California, Louisiana, Alaska ) y a la Isla de Puerto Rico.

Terminada su misión en Washington fue nuevamente designado por su Gobierno como Embajador de España en el Vaticano en 1964 en relación de la significación que había tomado la misma como consecuencia del Concilio Vaticano II y de la complejidad de los problemas existentes que de ahí nacieron, especialmente en cuanto a las relaciones Iglesia-Estado.



Audiencia de Pablo VI a los príncipes y al embajador.
Septiembre de 1964

El Embajador Garrigues, en su triple dimensión de católico, político y jurista, había venido trabajando en estos asuntos, estudiándolos muy de cerca y, por ello, fue la persona elegida para clarificar los problemas pendientes y preparar el terreno que permitiese en el futuro reestructurar las bases de una nueva relación según las exigencias de la evolución de los acontecimientos.

"Mi labor fue más difícil en Roma que en Washington; en uno y otro lugar existía incomprensión respecto a España -aunque en ambos era distinta- pero era una incomprensión recíproca por parte española. La diplomacia vaticana, como arte o como técnica, no enseña nada a un político nato. Un hombre político nato es un diplomático nato. La diplomacia es, como lo es también la guerra, la política con otras artes, en rigor más fuertes y más eficaces que las de la guerra. Esto es lo que se aprende de la diplomacia vaticana: que saber esperar, saber actuar a tiempo y saber adaptarse, todo ello con buenas maneras y con buenas palabras, es algo que mueve montañas".


Terminada esa labor, que se prolongó durante nueve años, el Embajador Garrigues, que no es un embajador de carrera y que, por ello, considera que su actividad debe de estar ligada a una misión concreta, puso el cargo a disposición del Gobierno por considerar su labor cumplida, como había ocurrido en la Embajada de Washington.

A finales de 1972 regresa a Madrid y se dedica a actividades de tipo privado, conferencias, colaboraciones en diversos periódicos y revistas, etc. En 1975 fue nombrado Ministro de Justicia del Primer Gobierno de la Monarquía.



El primer Gobierno de la Monarquía, 1975

" Mi colaboración con el Presidente Carlos Arias no fue íntima, como la de Fraga, Suárez u Osorio, pero siempre buena y leal. Me aceptó la práctica derogación de la Ley de Antiterrorismo sin desarmar al Estado frente a esa plaga, pero fue muy resistente ante el proyecto de modificación del Código Penal, que era un proyecto clave para la reforma porque el régimen había penalizado todas y cualquier forma de oposición política al mismo. La reforma del Código Penal, quiero decir la reforma inicial -la de fondo no había tiempo material de acometerla- debió haber precedido a la de Asociaciones y de Reunión. No ocurrió así y éste fue el gran error. Cuando finalmente llegó el proyecto de reforma a las Cortes franquistas, éstas, con la ceguera habitual de la derecha, opusieron una gran resistencia con la conciencia de la importancia del asunto y la incosciencia de su necesidad. Luego han tenido que ceder en todo porque, como no habían sabido vivir con dignidad política, tampoco supieron morir dignamente".

Entre los últimos cargos ostentados figuran el de Presidente de la Sociedad Española de Radiodifusión, Presidente de Citroën Hispania S.A., Presidente de Eurofinsa, Presidente de la Equitativa -Fundación Rosillo-, Presidente del Patronato de la Universidad Pontificia de Salamanca, Presidente del Instituto de Cuestiones Internacionales, Presidente del Patronato de las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia, Presidente de la Cámara Hispano-Portuguesa de Comercio e Industria, Presidente de la Fundación Benjamín Palencia, además de pertenecer a varios Consejos de Administración. Es Académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Está en posesión de las siguientes Cruces y Condecoraciones:

- Gran Cruz y Gran Collar de Isabel la Católica.
- Gran Cruz de la Real y muy Distinguida Orden de Carlos III.
- Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort.
- Gran Cruz "pro merito militensi" de la Orden de Malta.
- Gran Cruz de la Orden Ecuestre Piana de Su Santidad Pablo VI.
- Gran Cruz de la Orden de Mérito Industrial Portuguesa.
- Gran Cruz de la Legión de Honor Francesa, en el grado de Oficial.
- Medalla de Oro de la Villa de Madrid.



Investidura de Don Antonio como
"Caballero de Gracia Magistral de la Orden Militar de Malta".
23 de junio de 1973

Don Antonio Garrigues no se define como empresario. Su tarea se ha volcado en la creción de una proyección empresarial que el mundo profesional de la empresa. Pero lo que más le ha gustado siempre y en lo que ha empleado su vida no es en la empresa sino en moverse en esferas culturales. El Derecho, la Historia, la Filosofía, la Literatura, la Teología... son disciplinas que le apasionan, además de un gran amor a la vida. Autor, entre otros libros, de "Diálogos conmigo mismo" (Ed. Planeta) , "Reflexión sobre las cosas que pasan" (Ed. Argos-Vergara), "Poemas en la encrucijada de Roma" (Ed. Castalia) y de numerosos artículos sobre temas políticos, jurídicos, económicos, religiosos, sociales, etc. Ha sido colaborador de periódicos y revistas nacionales e internacionales y ha participado en diversos coloquios, mesas redondas, conferencias y entrevistas.

El 8 de enero de 2004, su Majestad el Rey Don Juan Carlos I le concede el título de Marqués de Garrigues.

Consultarlo en el BOE

Don Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate muere en Madrid, el 24 de Febrero de 2004.

 

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