Retrato de Don Antonio pintado por Macarrón en 1979 Inicio
Retrato de Don Antonio pintado por Macarrón en 1979
Biografía Artículos Entrevistas Poemas Album
 
Retrato de Don Antonio pintado por Macarrón en 1979
 

 

 
 


ANTONIO GARRIGUES DÍAZ-CAÑABATE, UN HOMBRE PROFUNDAMENTE CREYENTE

ANTONIO Garrigues Díaz-Cañabate es un hijo fiel de la Iglesia y cabeza pensante Don Antonio Garrigues Díaz-Cañabate-y bien pensante- capaz de transmitir su fe a los demás. Como diplomático y político dejó su huella en las Embajadas de Washington (1962-1964) y de la Santa Sede (1964-1972), llegando más tarde a desempeñar la cartera de Ministerio de Justicia en el primer Gobierno del Rey, Don Juan Carlos. Toda una vida de experiencia, a través de la diplomacia, la política, las finanzas, el ejercicio de la abogacía, sus libros y sus escritos concisos y claros, en distintos periódicos y revistas. En cuanto a sus experiencias religiosas..., de eso hemos venido a hablar con él, aunque esta vez nuestra conversación no aparece con la fluidez y la espontaneidad de otras «citas», pues hemos querido respetar la voluntad del señor Garrigues, quien ha preferido revisar sus respuestas y tener un exquisito cuidado principalmente en sus alusiones a la Iglesia.

- Yo nací en una familia católica, me eduqué católicamente y viví la vida religiosa normal de una familia de la época de mi nacimiento y mi juventud, que era a principios y primer tercio del siglo actual. No tuve una formación religiosa profunda, las lecturas y homilías -no siempre afortunadas- de la misa y los libros corrientes de piedad. Así viví la vida espiritual hasta mi matrimonio. Iba a misa, cumplía con los preceptos religiosos, confesaba con la frecuencia ordinaria, comulgaba también, pocas veces al año como era entonces la norma... Y, naturalmente, en mi juventud más avanzada, sufrí la influencia del pensamiento agnóstico dominante de las cabezas pensantes destacadas, tanto literarias como intelectuales y filosóficas.

¿Se refiere usted a la época de la Institución Libre de Enseñanza y se sintió usted influido por ella?

- No solamente por ella, pero respecto de la misma tengo que decir que alguno de mis mejores amigos pertenecieron de lleno a la Institución -lo que no fue mi caso-, pero creía y creo que los valores humanos y morales que emanaban de la misma eran muy valiosos y, aunque su espíritu no era ciertamente católico, lo que no se puede decir es que fuera sectario, porque muchos creyentes de la fe católica militaron en la Institución sin problema alguno.

Sufrí, como he dicho, la influencia intelectual del agnosticismo, muy extendido, y por citar un nombre representativo, aludiré al de Ortega y Gasset, que por su gran cabeza pensante y la magia de la literatura, al mismo tiempo que por su rechazo del anticlericalismo y por lo que tenía de inteligente y respetuoso con la Iglesia católica, su esfera de influencia era muy penetrante. Sufrí también la influencia de la literatura agnóstica, ya paganizante ya irreligiosa, como el caso, por citar otro nombre, de¡ gran novelista que fue Pío Baroja, así como el de la literatura extranjera de ese mismo signo, como la francesa, la inglesa y la americana, y sufrí del anticiericalisrno masónico, al advenimiento de la República con la expulsión de los jesuitas.

Al que más conocí y traté de los personajes políticos de ese momento histórico, fue a don Fernando de los Ríos, que era un hombre profundamente religioso, pero en la línea más avanzada de lo que pudiéramos llamar el erasmisrno. Él sabía mi condición de católico y lo respetó, por así decirlo, religiosamente. Naturalmente que esa sociedad y ese mundo de los años treinta me conturbó sobremanera, pero sin que ninguna de esas corrientes o influencias llegara a erradicar mi fe. Pasé una crisis fuerte, pero más superficial que de fondo.

¿ Y entonces?

- En esas circunstancias llega a mi vida una mujer de ciudadanía norte- americana que viene a España, donde yo la conozco y con la que contraiga matrimonio mixto, porque ella era de religión protestante. No que ella misma fuera muy religiosa en esa denominación, pero sí lo era su madre y lo era su familia. En aquella época había una gran enemistad entre católicos y protestantes, y más aún, un antagonismo recíproco.

Es decir, don Antonio, que las cosas se pusieron un tanto difíciles para ustedes...

-Ella quiso hacerse católica por estar más unida a su marido espiritualmente. Yo la puse en contacto con sacerdotes, personas y laicos de gran religiosidad, pero el efecto fue más bien contraproducente. No hubo suerte o no era ése el camino, y la situación se mantenía en esa tensión entre el deseo de m mujer de hacerse católica y la imposibilidad de hacerlo contra lo que seguís siendo tan contrario a su manera de ser y de sentir.

¿Y qué hicieron ustedes para abandonar ese callejón sin salida?

- Entonces ocurrió un fenómeno sumamente importante en nuestras vidas. Fuimos los dos un domingo a la Cuesta de Moyano, a ver libros viejos, y allí encontramos una edición muy bonita del siglo XVIII de la «Vida de Santa Teresa», que compramos más como libro que como obra. Al volver a nuestra casa, yo entré en mi despacho y ella se quedó en la terraza ojeando la obra comprada, como se suele hacer cuando llega a nuestras manos un nuevo libro. Y al poco tiempo -no podría decirlo con exactitud, pero digamos que no más de un cuarto de hora o media hora-, ella vino al cuarto donde yo estaba, como dicen los franceses «fondue en larmes», es decir, inundada en lágrimas, diciendo que en Santa Teresa había visto la fe en la Iglesia de Cristo, como una luz que disipaba y vencía toda su resistencia y oposición a la fe católica, que había sentido la presencia y la llamada de Dios, que quería bautizarse, que quería entrar en la Iglesia.

¿Pensaban ustedes separarse cuando más unidos estaban?

- Estas cosas ocurren en la vida de la fe y, como dice de¡ amor el poeta, «quien lo probó lo sabe». Son cosas que parecen extraordinarias y milagrosas, pero, en el fondo, en las formas más humildes y sencillas y habituales de la fe religiosa, este «encuentro» con Dios se está produciendo constantemente, y mientras no se llega a él la fe es cosa muerta.

Es, sin embargo, difícil el contar y publicar estos acontecimientos religiosos, porque se pudiera decir que escandalizan no ya a los incrédulos, sino a muchos creyentes y, en verdad, es que son cosas del amor y el amor es pudoroso. Pero yo no hablo de mí mismo, aunque ciertamente era mi otro yo y que mi mismo yo fue beneficiado de esa vivencia tan personal, ratificada con Pablo cuando leímos en «Romanos»: «Cada uno permanezca en el estado en que se encuentre cuando fuere por Dios llamado». Y nuestro estado era el de casados.

¿Quiere decir que su mujer aceptó que sólo en la Iglesia católica está la verdad?

- Está la plenitud de la verdad religiosa. Pero el Concilio Vaticano II ha recordado que no ya en las otras denominaciones cristianas, sino en otras religiones puede haber y hay caminos, normas de vida y esperanza y diversas formas de participar en la Verdad; especialmente en el Islam, con su Dios único, clemente y misericordioso y el profetismo de Jesús y la virginidad de María, y sobre todo con el judaísmo, que ha recibido la revelación y la antigua Alianza y que es el buen olivo en el que se han injertado las ramas del olivo silvestre, que son los gentiles, y finalmente, ha traído a recordación que la Iglesia cree que Cristo reconcilió por la cruz a judíos y gentiles y que de ambos hizo una cosa en sí mismo.

¿Cómo se debe entender la relación entre la jerarquía y los fieles?

- La Iglesia católica es jerárquica y este carácter es irrenunciable por ser consustancial a ella. Está pastoreado por sus pastores; estos pastores tienen que ser semejantes al Supremo Pastor, es decir, «el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo» y que protagoniza el Apocalipsis. Este pastoreo «sui generis», por el Cordero de Dios y sus mandatarios, es el que caracteriza la Iglesia católica fundada en la roca de Pedro, Petrus, es decir, en la triple afirmación del supremo amor de Pedro al Fundador de su Iglesia.

¿La roca o el amor?

- En efecto, Cristo funda su Iglesia sobre la roca de Pedro, pero es la roca de su amor, porque nada es más fuerte que el amor. Se dice su porque Cristo no funda «la» Iglesia, sino su Iglesia. Es cierto que católicamente se quiere decir lo mismo en ambas formas, pero hay que subrayar la forma posesiva, y que la fe de los católicos descansa en que su Iglesia, la de Cristo, es la católica.

Pero ¿sólo el amor o hay que cumplir también los mandamientos de la Iglesia?

- Sí, pero sólo el que ama puede cumplirlos y, si se cumplen sin amor, aunque se llegue a los actos más heroicos --como dar todo el dinero a los pobres, como alcanzar la sabiduría mundana más alta, como echar el cuerpo a las llamas, como se dice en el famoso texto de San Pablo en la Primera Carta a los Corintios- ese cumplimiento desamorado viene a ser como agua derramada, nada. Cristo ha venido no a fiscalizar cómo el ser humano cumple los mandamientos, sino a dar su vida para que pueda cumplirlos; en esa primera venida no se ha encarnado para juzgar al mundo, sino para salvarle, para hacer posible que el hombre vuelva a nacer y renazca y tenga una nueva vida, y así pueda dejar que «los muertos entierren a sus muertos».

¿Hay crisis, en otras palabras, enfrentamientos entre evolucionismo e involucionismo en la Iglesia actual?

- Lo que hay es consecuencia de lo que ha habido: un Concilio Ecuménico trascendental en la historia conciliar de la Iglesia. Un Concilio no empieza cuando se inicia, sino cuando se cierra, como una vida humana no empieza cuando se engendra, sino cuando se da a luz. El Vaticano II, según expresión del que iba a ser Pablo VI, había abierto las puertas y ventanas de la Iglesia al mundo. Esto es verdad, sobre todo, en la Gaudium el spes, pero ese abrirse, ese acercarse a la vida real, ha tenido, tiene y tendrá varias lecturas porque es un mensaje profundo y complejo.

No es una guerra de buenos y malos, ante todo porque no es una guerra, sino una tensión y tensiones que existen en la sociedad civil, que existen en los hombres y mujeres de este fin de siglo, con cambios profundos en la fe y las costumbres profanas, que se reflejan poderosamente en la fe y las costumbres religiosas. Las consecuencias de la última guerra, la nueva Física, la nueva Biología, la potenciación de los medios de comunicación y de los transportes; la emancipación de la mujer; todo esto y otras cosas han originado una transmutación de valores que exigen un nuevo traje para la humanidad, para el hombre, un ser en el fondo siempre igual a sí mismo.

¿ Y en consecuencia?

- Ser cristiano es vivir estas tensiones de la Iglesia con la libertad de los hijos de Dios, desde dentro de ella y no fuera ni contra de la misma. Que la Iglesia está en crisis y en peligro de muerte se ha dicho desde que existe y la realidad es que tiene sus malos y buenos momentos como todas las cosas vivas; pero la realidad también es que está escrito que «las puertas de¡ infierno no prevalecerán contra ella».

La relación entre Dios y el hombre es un misterio y el misterio es una luz, no física, como la que viene del Sol, sino una luz que viene de lo más profundo y que ilumina cosas del corazón del hombre que la razón no comprende.

Entrevista y foto publicada en la revista Vida Nueva, 3-VI-89.

 


 

      contacto    
  © Copyright 1999
J. M. Garrigues Walker
   
    Inicio | Presentación | Biografía | Artículos | Entrevistas | Poemas | Album